Glaucoma

Lesión en el nervio óptico

1. ¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es una enfermedad ocular, por la que se produce una lesión en el nervio óptico.

2. Síntomas

El síntoma principal del glaucoma es que provoca pérdida de visión, aunque en algunos casos, como el glaucoma de ángulo abierto, puede ser difícil de detectar en sus fases iniciales.

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es una enfermedad ocular, por la que se produce una lesión en el nervio óptico debido al aumento de la presión intraocular, que se origina por una falta de drenaje del humor acuoso en la cámara anterior del ojo. El humor acuoso es el encargado de nutrir y oxigenar diversas estructuras del ojo como la córnea y el cristalino.

El nervio óptico, donde se produce la lesión del glaucoma, es el encargado de transmitir la imagen que recibe la retina al cerebro. Una presión intraocular elevada afecta a las fibras nerviosas, lo cual deriva en una degeneración progresiva cuyo proceso es irreversible. Depende del avance del glaucoma y el daño producido en el nervio óptico, se produce una pérdida de visión en mayor o menor grado.

El principal peligro del glaucoma es que, de no ser controlado, al ser un proceso irreversible, el paciente puede quedar invidente de por vida, sin existir un tratamiento posible. Sin embargo, si se detecta a tiempo, el glaucoma puede controlarse para evitar su avance y prevenir la degeneración del nervio óptico.

 

 

Causas del glaucoma

El glaucoma ocular es una degeneración del ojo que se produce mayormente a partir de los 40 años. Esta enfermedad afecta en mayor medida a la población mayor de 60 años, con una tasa del 14%. El mayor problema del glaucoma es que es casi indetectable si no se conocen los síntomas, por ello el paciente no se percata del daño que está sufriendo su nervio óptico y no puede ponerle remedio. Para ello, se recomiendan realizar revisiones anuales para mantener la salud ocular en perfectas condiciones y prevenir cualquier avance de la enfermedad.

Como la mayoría de las enfermedades, el glaucoma puede tener un componente genético que hace que ciertos pacientes sean más proclives a sufrir dicha enfermedad. Este riesgo se incrementa si se padecen otras enfermedades como la diabetes, miopía e hipermetropía, córnea fina, tratamientos con corticoides, etc.

Uno de los principales factores por el cual se produce el glaucoma, es el envejecimiento. Como ya hemos dicho, la población de avanzada edad es más proclive a sufrir un deterioro del nervio óptico, ya que por su naturaleza este se va desgastando. Sin embargo, con un buen cuidado de la salud ocular, estas degeneraciones oculares debidas a la edad pueden controlarse para mantener una buena visión durante mucho tiempo.

 

Síntomas del glaucoma

Los síntomas iniciales del glaucoma son complicados de analizar si no se tienen suficientes conocimientos acerca de esta enfermedad. Es posible que los pacientes puedan percibir una ligera pérdida de la visión periférica. En el glaucoma de ángulo abierto, los síntomas son prácticamente imperceptibles; hasta que el paciente no tiene una reducción drástica del nivel de visión, no se percata de que tiene graves problemas con sus ojos.

Los glaucomas de ángulo cerrado provocan mayores síntomas al inicio de la enfermedad, como puede ser visión borrosa, halos de luz, dolor de ojos leve, etc. Con el avance de la enfermedad se van produciendo nuevos síntomas más importantes como la disminución de la visión, enrojecimiento de ojos, dolores de cabeza, náuseas y vómitos, etc.

Por ello, al ser los síntomas difíciles de precedir en las fases iniciales, y poder malinterpretarse con otras dolencias, se recomienda asistir de forma periódica a revisiones oftalmológicas para poder realizar un diagnóstico y comenzar a tratar el glaucoma.

 

Cómo diagnosticar el glaucoma

Si piensa que puede estar sufriendo glaucoma, le recomendamos que acuda cuanto antes a su oftalmólogo de confianza para que le realice una exploración ocular.

Su médico le realizará diversas pruebas para determinar si padece o no dicha afección. Entre las pruebas que le realizará para corroborar la existencia del glaucoma se encuentran:

  • Tonometría: Con la tonometría se busca la medición de la presión intraocular del ojo para valorar si es demasiado alta, lo que derivaría en un glaucoma. Esta prueba se realiza colocando la cabeza del paciente sobre un soporte, y con los ojos abiertos, se les lanza una ligera ráfaga de aire cálido. Cuando la medición se encuentra entre los 12 y los 20mm HG se considera una tensión intraocular normal. A partir de 20mm HG se puede diagnosticar al paciente con glaucoma.
  • Paquimetría: La paquimetría es una prueba diagnóstica que sirve para valorar el grosor de la córnea, un factor clave que puede conllevar a padecer un glaucoma.
  • Oftalmoscopia: Esta prueba (también llamada fondo de ojo) permite analizar el daño que ha sufrido el nervio óptico. Se dilata la pupila mediante la aplicación de un colirio para que el médico pueda ver el nervio a través, utilizando un instrumento para iluminar el ojo y otro para ampliarlo.
  • Campimetría visual: Con la campimetría o perimetría visual se genera un mapa del campo visual, para poder observar alteraciones o zonas de pérdidas de visión.
  • Gonioscopia: Se utiliza la gonioscopia para determinar si el ángulo donde el iris se encuentra con la córnea es lo suficientemente amplio, o por el contrario está cerrado. Se realiza mediante la colocación en el ojo de una lente de contacto, con un espejo por el que el médico puede valorar si es correcto este ángulo o no.

Las pruebas suelen complementarse entre sí para realizar un diagnóstico efectivo y valorar el alcance del daño sobre el nervio óptico que ha tenido el glaucoma.

 

Tipos de glaucoma

Si ya ha recibido un diagnóstico de glaucoma, es probable que le hayan especificado el tipo de glaucoma que esté sufriendo. Se distinguen diversos tipos atendiendo a una serie de factores:

 

Según la apertura del ángulo iridocorneal

  • Glaucoma de ángulo cerrado: Si el ángulo iridocorneal es muy cerrado, el ojo no es capaz de evacuar el humor acuoso y se acumula en este ángulo, produciendo un aumento de la tensión intraocular, con el consiguiente daño al nervio óptico. Sus síntomas son más predecibles y notables que el de ángulo abierto.
  • Glaucoma de ángulo abierto: Es el tipo de glaucoma más frecuente, producido por la obstrucción de los canales de drenaje del humor acuoso, lo que eleva la presión intracorneal. En este caso el ángulo entre el iris y la córnea es muy amplio, pero aun así, el ojo no es capaz de evacuar el humor acuoso.


Según su origen

  • Glaucoma primario: El glaucoma primario es el más común. Se denomina así porque no surge a raíz de complicaciones por problemas con otras enfermedades oculares, a diferencia del glaucoma secundario.
  • Glaucoma secundario: Este tipo de glaucoma se produce como consecuencia de otra enfermedad, como puede ser el glaucoma neovascular (formación de nuevos vasos sanguíneos en el iris), facolítico (producido por cataratas), glaucoma de células fantasma (por hemorragia vítrea) o glaucoma pigmentario (el pigmento del iris se desprende en el humor acuoso y tapona el sistema de drenaje).

 

Según su momento de aparición

  • Glaucoma congénito: El bebé recién nacido nace con este tipo de glaucoma por una malformación del ojo durante su desarrollo, que hace que el humor acuoso no pueda drenarse correctamente. Si no tiene mayores complicaciones, puede corregirse con cirugía para liberar los canales de drenaje.
  • Glaucoma infantil, juvenil y adulto: Aunque es más común la aparición del glaucoma a partir de los 60 años, también existe la posibilidad de que tanto niños como adolescentes puedan desarrollarlo, e incluso jóvenes adultos.


Otros tipos de glaucoma

  • Glaucoma de tensión normal: Al contrario que el resto de tipos de glaucoma, en este tipo la presión intraocular es totalmente normal. Se desconocen las causas por la que este tipo de glaucoma es capaz de dañar el nervio óptico a pesar de que la tensión tenga unos valores normales.

 

Tratamiento del glaucoma

Depende de la fase de la enfermedad, el médico puede optar por comenzar un tratamiento u otro. En sus fases iniciales pueden recetarse diversos medicamentos para controlar dicha afección, como gotas y colirios que se aplican directamente sobre el ojo. Este tipo de medicamentos contienen componentes como betabloqueadores o inhibidores de la anhidrasa carbónica entre otros, destinados a reducir la presión intraocular y que el humor acuoso pueda evacuarse de forma correcta.

En el caso de que las venas de la retina sufrieran daños a causa del glaucoma  (lo que se conoce como trombosis ocular) podrían administrarse inyecciones intraoculares, destinadas a  paliar las consecuencias de la trombosis –que suele ser una pérdida de la visión central- y a eliminar el edema producido por esta afección. Con un tratamiento adecuado, puede llegar a recuperarse la visión casi por completo.

Por último, en los casos más graves y avanzados puede optarse por la cirugía ocular para liberar los canales de drenaje y aliviar la presión intraocular. Esto se realiza mediante la colocación de una fístula que conecte el interior del globo ocular con el espacio subconjuntival, para que el humor acuoso se drene fuera del globo.

Para glaucomas que no estén muy avanzados, pueden aplicarse cirugías mínimamente invasivas (MIGS); una opción muy segura para instalar un sistema de evacuación en el ojo. Este tipo de cirugía tiene un postoperatorio muy corto y sin complicaciones para el paciente.

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